Publicamos expedientes de casos que nos llegan por carta, correo o grabación de voz. No somos un medio de sucesos ni un gabinete de investigación paranormal. Somos un archivo que ordena, transcribe y contextualiza lo que otros cuentan, y que deja claro en cada ficha de dónde sale la información y hasta dónde llega.
Testimonio no equivale a prueba
Cuando alguien dice haber vivido algo en una casa, un camino o un cementerio, lo registramos como relato en primera persona. Eso no valida el hecho: valida que la persona lo cuenta así. La ficha indica el nivel de verificación y, si hay contradicciones entre versiones, también aparecen.
Ubicaciones aproximadas, no direcciones exactas
En casas habitadas o con propietarios vivos, damos la zona, el barrio o el paraje, nunca el número. En inmuebles abandonados o ya desaparecidos sí podemos ser más precisos. La idea es documentar sin exponer a quien vive allí hoy.
Leyenda oral y su fecha de recogida
Muchas historias de pueblos llevan décadas circulando y cambian con cada narrador. Anotamos quién la contó, en qué año la escuchamos y si esa persona la oyó de otra. Una leyenda sin fecha ni fuente es solo un rumor sin archivo.
Rutas nocturnas: propuesta, no actividad guiada
Los mapas que publicamos son lecturas del territorio con las historias en la mano. No organizamos salidas, no acompañamos grupos y no garantizamos accesos. Hay tramos sin luz, sin cobertura y con propiedades privadas: eso va en cada itinerario.
Correcciones y retiradas
Si alguien identificado en un expediente pide que se retire su nombre, su audio o la referencia a su vivienda, lo revisamos y, cuando procede, lo quitamos. El archivo no está por encima de las personas que aparecen en él.
Qué no publicamos
No aceptamos relatos que señalen a menores, que incluyan datos médicos sin consentimiento ni material grabado sin permiso de quien habla. Tampoco tratamos el folclore como espectáculo: si una historia solo sirve para ridiculizar a quien la cuenta, no entra.